martes, 10 de diciembre de 2013

Nostalgia – Motor o freno



Si dejamos de lado la insistencia socio-culturar de mirar con el seño fruncido todo lo que quede ligado al dolor o la depresión, podemos comprender que la nostalgia es uno más de los tantos sentimientos comunes a todos los seres humanos. Uno más en la paleta de colores con que todos deberíamos pintarnos.

Partamos de la base de que nostalgia no es melancolía ni depresión, como ya dije.

Cada persona “vivirá” este sentimiento según sea su estructura lo que hará que, como todo sentimiento, sea totalmente personal-individual, como así también, su forma, manifestación, intensidad, duración, etc.

Podemos sentir nostalgia por personas, cosas o situaciones que nos han dado placer o que asociamos con circunstancias placenteras, que nos han hecho sentir felices o protegidos o valorados o queridos.

El desafío está en hacer de ese rememorar un hecho productivo que no nos ancle en un pasado idealizado. Corremos el riesgo de quedar paralizados en un pasado continuo que nos impida conectarnos con el aquí y ahora y, por lo tanto, impidiendo que encontremos y nos vinculemos con los momentos placenteros-felices del presente.

Debemos poder aceptar las ausencias. Aquello (personas-situaciones-cosas) que ya no está en la realidad (en el presente), está adentro nuestro y puede fortalecernos. Nuestro pasado nos hace ser quienes somos en el presente. Los afectos no se pueden reemplazar pero existe la posibilidad de crear afectos nuevos, distintos, especiales, acordes a nuestro momento vital.

Muchas personas también pueden tener nostalgia por lo que no pudieron conseguir, porque generaron expectativas desmedidas sobre el futuro.

Reinventémonos, utilizando nuestras experiencias. Proyectemos, busquemos nuestros motores de vida y alegría, armemos redes sociales que nos vinculen y no nos aíslen. Vivamos el hoy!

sábado, 23 de noviembre de 2013

Adolescentes – Quién es el del espejo?



De golpe, ese pequeño retoño al que acunamos tiernamente se transforma en un ser que nos cuesta reconocer. Nos llena de miedo, de desconcierto…

En un texto de 1919, “Lo Siniestro”, Freud nos introduce en este concepto que me parece que es interesante para pensar el momento vital al que nos referimos: “Lo siniestro se da frecuentemente y fácilmente, cuando se desvanece el límite entre la fantasía y la realidad; cuando lo que habíamos tenido por fantástico aparece ante nosotros como real, cuando un símbolo asume el lugar y la importancia de lo simbolizado.” Es decir que algo, que pudo o no ser fantaseado, irrumpe en lo real. Lo familiar, se vuelve extraño.

Esto podemos postularlo para lo que se genera en los adultos que interactúan con un adolescente pero debemos pensar que a los adolescentes les ocurre algo similar, desde otro lugar: EN ELLOS MISMOS, CON ELLOS MISMOS!!!!

Dimensionemos lo que es transitar la adolescencia:

El niño/a es empujado, en la pubertad, a un mundo otro, extraño, ajeno, que muchas veces asusta, angustia, preocupa.

- En ese nuevo mundo, él ya no es él. Es un otro con el que se tiene que encontrar-reconocer (y esto no siempre es fácil). Construcción de una identidad adolescente y luego adulta.
- Comienza a modificarse su cuerpo. Los cambios biológicos tienen un fuerte impacto. La imagen corporal debe ser redefinida. Empiezan a sobrar y/o a faltar “cosas”.
- Hay una presión hormonal-psicológica pero también social al encuentro con el otro sexo. La posibilidad de un encuentro sexual pasa a tomar un lugar primordial en la escena (tan deseado como temido).

El adolescente necesita con urgencia poder encontrar ese nuevo lugar, poder establecer una identificación, sentir que tiene el control de su cuerpo, de sus deseos, de sus vínculos. Hasta tanto no se consolida, todo es confuso y doloroso. ¡Son tantos los duelos que tiene que hacer de lo que ya no es!

Esto es sólo un esbozo de la problemática a la que los adolescentes deben hacer frente.
Todos transitamos esta etapa pero eso no nos impide, igualmente, sentirnos perturbados frente a esos “jóvenes monstruos”. ¿Será que, cual espejo, nos reflejan/recuerdan nuestro propio horror?.

Nos mueven la estantería porque también nosotros tenemos que hacer un duelo: Nuestros hijos ya no son niños a quienes podamos acunar.
Son otros diferentes (a nosotros y a lo que ellos mismos fueron). Tan familiares como extraños.

viernes, 15 de noviembre de 2013

¿Qué modelos tomamos para los patrones de belleza?


Estimados lectores, les dejo un link para que puedan ver un video que muestra de qué manera terrible (a mi entender) se construyen los actuales patrones de belleza. Para mirar y reflexionar.


VER VIDEO



Mandatos Vs. Deseo - Parte 4 (última!)



¿Recuerdan la lista de temas que se me ocurrió plantear en la Parte 1? Entiendo que, a esta altura, estarán familiarizados con la idea de lo que quise que pensemos juntos. Tal vez no sea necesario que mencionemos punto por punto. Dejémoslos como disparadores para que cada quien piense por su cuenta y considere por dónde “se le escapa la tortuga”.

El punto era que pudiéramos visualizar cómo, muchas veces, estamos de rodillas, bien sujetaditos, casi sin enterarnos. Ajenos en nosotros mismos. Y, si por casualidad, tenemos un rapto de conciencia y la osadía necesaria para hacernos algún tipo de pregunta…No todo queda resuelto instantánea y simplemente. De hecho, se necesita mucho coraje para autorizarse a desear y hacerse cargo de lo que resulte luego.

Una de las cosas que más pesa es el miedo al fracaso. Sentirnos fracasados o ser señalados como fracasados (según las expectativas sociales de la época) es algo que nos aterra; y como el miedo paraliza, esa cuestión exitista nos deja como estatuas. Si no alcanzamos los standards de acumulación de bienes, mal por nosotros. Si no tenemos determinada cantidad o calidad de títulos, mal por nosotros. Si no somos modelos, mal por nosotros. Si no tenemos pareja…

¿Queremos todos los bienes que tenemos? ¿Vale la pena que nos sacrifiquemos por ellos? ¿O simplemente somos títeres de una compulsión consumista?.

¿Quién nos tiene que autorizar a no querer o no saber?.

Es común en las consultas de adolescentes o jóvenes adultos que vienen en búsqueda de una orientación vocacional, el juego de poder entre el querer y el deber. Lo que les gusta en contraposición con lo que les da dinero, lo que desean los padres, las elecciones vocacionales de los otros, etc. También está marcada la preocupación por las “garantías de éxito”:“¿Y si lo que elijo después no me gusta? ¿Y si no soy bueno en lo que elegí pero me doy cuenta después de 2 años?” Y no falta el sentimiento de que una vez que se eligió eso es tan inamovible como la misma muerte.

La felicidad no es un estado permanente. Son momentos que debemos procurarnos conectándonos con nosotros mismos y con nuestros deseos para poder tomar nuestras propias decisiones.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Mandatos Vs. Deseo - Parte 3



Otra gran área, atravesada por esta naturalización-idealización de los deseos ajenos, es la maternidad-paternidad.
Resulta que alguien (vaya a saber cuándo y por qué… aunque lo de “multiplicaos” ya está en La Biblia…) determinó que no hay nada más maravilloso que tener un hijo. Esto quedó establecido y todo indica que hay poco margen para que sea discutido.

Una pareja se casa o comienza a convivir y, a poco de andar, empiezan las preguntas: ¿para cuándo?, ¿están buscando?. Si pasa el tiempo y no hay noticias la cuestión vira hacia la pena: “pobres, no deben poder”, “alguno o ambos tendrá un problema”. Se da, fácilmente, por seguro que alguna imposibilidad hay.

¿Ya saben a dónde quiero llegar, verdad? Parece que es imposible que alguien pueda simplemente no querer tener un hijo. Claro! Son tantas las bondades de tenerlos, es tan maravilloso!. Y atención que no digo que no lo sea…para algunos pero… ¿debe serlo para todos?

Aunque individualmente podamos acordar que no es obligatorio reproducirse, el mandato social dice otra cosa. Dice que no querer tener hijos es, por lo menos, raro (siendo generosos!).
¿Pueden ver como esto social repercute en lo individual? ¿Pueden imaginarse el dilema que para muchos (principalmente para las mujeres) puede representar conectarse con el no deseo de un hijo cuando todo dice que debería desearlo y que, inclusive, es una cuestión de instinto?

Nuevamente, estamos frente a la trampa perversa que nos somete, sin que nos demos cuenta. Nos acecha en cada rincón, bañada en el dorado de la idealización-idolatría en donde ya está determinado todo: lo bueno y lo malo, lo deseable, lo esperable, lo que nos hará felices.

Dicen por ahí: “Tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro”. No embromen! ¿Y si no se me da bien ninguna de las tres cosas? ¿No tengo autorización para ser feliz y sentirme realizada tirándome con un paracaídas?

martes, 12 de noviembre de 2013

Recomendación

Estimados lectores:

Quienes estén interesados en la temática de la niñez encontraran en la solapa NOTAS INTERESANTES DE PERIÓDICOS de mi blog, un link a un artículo interesante publicado hoy en Página/12.
Los invito a que lo lean.
Buen martes para todos!

lunes, 11 de noviembre de 2013

Perversión y Sexualidad



Hoy quisiera acercarles algunas aclaraciones respecto al tema que se enuncia en el título. En muchas consultas, aparece esto de lo que está bien y lo que está mal a la hora del encuentro sexual.
Me parece entonces conveniente que diferenciemos algunos aspectos fundamentales.

En el texto “Tres ensayos para una teoría sexual” (1905), Freud  nos dice que en todos nosotros existe algún elemento que pueda ser considerado como perverso. Pero aquí es donde hay que hacer la división de aguas. Existe por un lado una estructura perversa, con características definidas y, por otro lado, ciertos elementos perversos que aparecen en determinados momentos o como “accesorios” en el momento del goce sexual.

Dice Freud que las neurosis son el negativo de la perversión en tanto el perverso actúa (lleva al acto) lo que el neurótico fantasea. Hay una gran diferencia entre fantasear y llevar al acto.

Desde ya, no pretendo hacer aquí un compilado de autores y términos psicoanalíticos. El tema ha sido bastamente discutido y teorizado. A quienes le interese leer un poco más en profundidad, me escriben y puedo sugerirles bibliografía.

Para el espacio de lectura de este blog, vamos a tratar de simplificar los conceptos diciendo que la estructura perversa (perversión propiamente dicha) se caracteriza por el sometimiento del otro y su deseo. El sujeto perverso cree saber que es lo que le falta al otro (su partenaire) y entonces se propone como objeto para que el otro goce. Desde esta posición se rechaza, desmiente, niega la diferencia entre yo y el otro y la imposibilidad de saber que desea el otro (que es diferente a lo que deseo yo). Si hay algo que el perverso no tolera es que el otro goce libremente. Para complejizar aún más la cuestión, al tiempo que se es objeto, la relación presenta la otra cara de la moneda: Si se prestó como objeto del goce del otro, ahora es el otro el que debe retribuirle gozando plenamente, siendo agradecido, amándolo, obedeciéndolo, etc. Una deuda sin límites!

Esto es bastante distinto, como se podrá apreciar, a que eventualmente, aparezca en un encuentro sexual algún elemento (como para ponerle sal y pimienta a la relación). Por ejemplo: si una pareja utiliza esposas o disfraces esto no los transforma en sádicos-masoquistas o fetichistas.

Una cosa es utilizar elementos-artilugios para estimular el deseo y otra cosa es ubicarse en una posición definitiva de negar la realidad de la imposibilidad de ser el objeto absoluto del deseo ajeno.

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